La suerte ya está echada, la provisión de semillas para esta temporada ha concluido, y en nuestros viveros se procesan, evaluan y almacenan las semillas recolectadas o adquiridas.
Es tiempo de macerar frutos carnosos para extraer las semillas como en arrayán o huingán; descartar estípulas, restos de nueces, ramillas y hojitas como en roble o coigüe, o simplemente esperar a que el secado termine de abrir definitivamente folículos como en notro o radal, permitiendo la liberación de las semillas.
Este proceso de limpieza y selección puede ser tedioso, pero es considerado clave para otorgar alta pureza a los lotes de semillas, y así poder evaluarlos física y fisiológicamente. Viabilidad, capacidad germinativa y energía germinativa, determinarán cuál es la calidad de las semillas con que cuenta el vivero para su siguiente programa de producción.
Una vez limpios, evaluados y correctamente etiquetados, los lotes se almacenan con bajos contenidos de humedad, hasta que llegue el momento de la siembra en la misma temporada, o de lo contrario, en el caso de semillas ortodoxas, se almacenarán por varios años para poder contar con existencias en años en que el germoplasma fresco escasee.
La calidad de las semillas influye directamente en los resultados productivos del vivero. Así entonces semillas de alta calidad determinarán siembras con menores densidades, ya que habrá mayores tasas en la germinación y mejor emergencia de plántulas. En cambio, cuando se tienen lotes de semillas menos calificados, se debe sembrar sobreseguro, es decir, con mayor cantidad y densidad, aun así los resultados pueden ser menores a lo esperado, manifestándose heterogeneidad en la germinación, emergencia y desarrollo de plántulas, debiéndose implementar medidas de manejo cultural para tratar de compensar las pérdidas.
Sabemos que 2026 no ha sido un año semillero, ya que ha habido escasez en muchas leñosas, tanto para especies del bosque esclerófilo como del bosque templado valdiviano. Frente a este escenario, los viveristas deben ajustar sus estrategias productivas mediante una planificación más rigurosa, apostando por mayores volúmenes de siembra, ejecutando regímenes de fertilización más intensivos y, cuando sea posible, se deberá diversificar la producción hacia otras especies en los que se dispone de mejor calidad de semillas.
En definitiva, la producción de plantas en el vivero comienza con la obtención de semillas de calidad, un recurso estratégico que condiciona el éxito de todo el proceso productivo.


