Si tomamos la tendencia de los últimos años, en 2027 se podrían quemar cerca de 130 mil hectáreas por incendios forestales. Un dato crudo brutal.

Al entrar al otoño con sus primeras lluvias, de alguna manera nos olvidamos del tema, reflotándolo con sus (casi) inexorables primera llamas a fin de año. Por eso, es este el minuto en que debemos hablar sobre incendios. Porque en verano, estamos enfocados en contener la emergencia, no en el fondo del asunto.

Nos gustaría comentar el tema desde dos puntos: prevención y restauración.

🔸 Sobre la prevención, hemos aprendido un montón en los últimos años, involucrando sistemas de alerta temprana, monitoreo tecnológico y campañas de educación. ¿Es suficiente? Mientras sigamos teniendo incendios forestales, la respuesta seguirá siendo no. Sigamos innovando y buscando nuevas soluciones.

🔸 Sobre restauración, ¿qué pasa después de los incendios? ¿Cómo mitigamos sus consecuencias? ¿Qué podemos inventar? Hay algo que está claro, una vez quemada, esa superficie queda sumamente vulnerable durante el primer año, antes que las primeras herbáceas colonicen el suelo nuevamente. Las primeras lluvias pueden tener consecuencias catastróficas, generando remociones en masa, aluviones y pérdida de la capa de suelo vivo. Esto, además, limita la resiliencia del bosque nativo a recuperarse.

Este es el ejemplo del incendio en San Carlos de Apoquindo, en Santiago. Ya hubo un evento de un aluvión a finales de enero en ese sector. Una lluvia intensa con isoterma cero alta podría implicar uno más grande, que afecte gravemente a los vecinos.

Más allá de la prevención y restauración, el mensaje está en no dejar el tema latente hasta que nos encontremos, y no por sorpresa, nuevamente con él en 2027.

📢 Hablemos de incendios.