La producción natural de semillas en especies de árboles nativos ha sido tradicionalmente descrita como un fenómeno cíclico, con períodos más o menos regulares que se repiten en el tiempo. Sin embargo, el concepto que mejor representa esta dinámica es vecería.
La palabra vecería proviene del latín vicis (“turno”), y alude a esta alternancia reproductiva. En los últimos años, esta variabilidad se ha vuelto especialmente marcada, reduciendo la disponibilidad de semillas para la propagación en viveros.
Si bien existen factores genéticos que explican la vecería, evidencia muestra que la dinámica se ha agravado en varias especies, posiblemente por efectos del cambio climático. Olas de calor, junto con la disminución de las precipitaciones, podría estar generando una brecha en las reservas energéticas de los árboles. Esto derivaría en años de baja semillación y/o semillas de mala calidad. En otras palabras, los árboles priorizan sobrevivir, ahorrando el alto costo fisiológico en nutrientes que implica producir semillas.
¿Qué hacer entonces frente a esta vecería? Aquí una vez más cobra importancia el planificar con años de anticipación la necesidad de plantas para planes de restauración. Aunque no es tan sencillo, es necesario planificar la recolección de semillas aprovechando los «años buenos» que ya sabemos serán cada vez más irregulares en frecuencia e intensidad.
En este contexto, cobran relevancia el generar redes de recolección capacitadas, complementadas con centros y banco de semillas que permitan procesarlas, guardarlas y disponer de ellas para las épocas de escasez. Capacitación, planificación e infraestructura adecuadas, serán indispensables para responder al desafío que la vecería impone a la restauración de ecosistemas 🌱


