Hablemos de heladas: el frío no quema, deshidrata 🍂
En pleno invierno, muchas noches despejadas terminan en helada. ¿Qué le pasa realmente a una planta cuando hiela?

El frío realmente no «quema», si no que deshidrata. Cuando la temperatura baja de 0 °C, se forman cristales de hielo ❄️ entre las células de la planta, que succionan el agua desde adentro, siendo la membrana plasmática la primera afectada. Esto provoca deshidratación, dañando membranas y generando un deterioro irreversible.

La resistencia de cada planta depende de si alcanzó a «aclimatarse» al frío, de sus reservas de azúcares y proteínas y/o pigmentos crioprotectores, y sobre todo de su estado de desarrollo. Por ejemplo, una plántula tierna o un brote nuevo es muchísimo más vulnerable que un árbol adulto durante el receso invernal.

Hay que tener claro que no todas las heladas son iguales. ⚪ La helada blanca deja esa escarcha visible en la mañana. ⚫ La helada negra, en cambio, ocurre con aire seco, no deja evidencia visible y es más peligrosa. Dado que el punto de rocío es bajo los 0° C, no forma escarcha, no hay condensación (por lo cual no hay un “freno” térmico) y es más rápida, favoreciendo que el hielo se forme dentro de la célula, donde muchas veces solo la notamos cuando el follaje ya amaneció ennegrecido.

Cabe destacar que las heladas más dañinas no se producen en invierno, sino en primavera, cuando la planta eclosiona vegetativamente, es decir, está más activa.

Todo lo anterior se debe considerar en el proceso de planificación, para así tomar medidas preventivas, como el uso de mallas anti-heladas en vivero.
El frío puede ser un aliado y/o un enemigo silencioso. En el primer caso, ayuda a endurecer y aclimatar las plantas y en el segundo puede resultar en daños irreparables a nivel de tejido más nuevo.