Como gran parte de Chile, en Insular vivimos en primera persona los efectos (y estragos) que dejó el temporal. Nuestros viveros no fueron parte de la excepción.
Fue un panorama lleno de techos que volaron, estructuras que quedaron torcidas y mallas rotas por el viento. Frente a ese escenario queremos destacar dos aspectos igual de relevantes:
Por un lado, nuestras plantas sufrieron daños menores, demostrando la calidad y fortaleza de éstas. Esa calidad es un mérito que parte desde la planificación, proceso de endurecimiento y el gran cuidado que reciben de nuestros viveristas.
Y por otro lado, destacamos a nuestro equipo, que entregó una respuesta inmediata y certera frente a la emergencia, con las botas en el barro.
Un invernadero se repara, una estructura se vuelve a levantar. Lo que no se improvisa es un equipo que responde rápido, de manera organizada y con buena disposición, cuando las cosas se ponen difíciles.
Por eso este post es un agradecimiento a todos quienes trabajan en Insular, que pusieron el hombro estos días poco comunes y que cuidan a cada una de las plantas, de norte a sur.


