Si bien este fenómeno ocurre desde tiempos inmemorables, no fue hasta 1965 en que el botánico Carlos Muñoz Pizarro acuñó el término «desierto florido». Desde entonces así se designa las espectaculares floraciones ocurridas después de lluvias inusuales, principalmente en las Regiones de Atacama y Coquimbo.
Hoy, a unos 100 km al sur de Caldera -a la altura de caleta Pajonales- el desierto florido 2025 aparece desplegando su espectáculo. Tapices morados de patas de guanaco (Cistanthe) que se divisan hasta perderse en las laderas, mientras se asoman añañucas amarillas y rojas (Zephyranthes), huillis (Leucocoryne), flores del jote (Argylia) de distintos colores, churquis (Oxalis) que parecen resucitados, carbonillos (Cordia) tan cubiertos de flores que apenas dejan ver su follaje, modestas pero dignas rositas (Cruckshanksia) y tantas otras colorean el paisaje en un despliegue que parece irreal.
Este fenómeno botánico, que también ocurre en otros desiertos del mundo, constituye de manera palpable la evolución de diversas especies de plantas a situaciones extremas:
🌱 Semillas que pueden permanecer años latentes en el suelo hasta encontrar las condiciones adecuadas para germinar.
🌵 Especies perennes que mantienen vivos sus órganos subterráneos en tiempos de sequía.
💧 Hojas y tallos suculentos capaces de retener agua y disminuir la pérdida por transpiración.
Pero esta evolución, no ha ocurrido de manera aislada sólo entre las plantas. También se encuentra asociada a un gran número de insectos, aves y otros animales. Se ha creado así un vínculo ecológico indivisible de 5 millones de años de adaptación evolutiva conjunta, propiciado por la cantidad de biomasa vegetal que se produce, la polinización, y los frutos y semillas que abundan al final de la temporada.
Desierto florido de Chile, el espectáculo de la naturaleza que vale la pena ver y conocer, al menos por una vez en la vida.


